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jueves, 20 de septiembre de 2012

Fast story

Foto: Irma Yáñez





Ahora estoy escribiendo con la punta de los dedos en mi nuevo ordenador. Antes el proceso de mecanografiado tenía su encanto. Era un proceso artesanal. Cuadrar la hoja de papel, también cuadrar los márgenes, el sonido de las teclas… era mucho más analógico… digámoslo así ¿no?
Soy del 75. Ya no se usan las máquinas de escribir antiguas, sólo lo hacen los artistas conceptuales. Sin embargo las llegué a usar. Recuerdo que tenía una muy buena, era de color negro. Después, llegué a usar las eléctricas.
Esa relación bucólica que se recrea mucho en las películas, del escritor con su máquina de escribir, un whiskey y un cigarro al final de las 100 páginas escritas, es ahora todo un mito. No soy escritor, la verdad es, pero me gusta darle a las teclas. Para mi escribir 100 páginas me parece todo un reto. Sin embargo, creo haberlo hecho antes.  Aunque tengo que confesar que me gustan más los cuentos cortos… como por ejemplo, el cuento corto de aquel escritor, que decía que no era escritor, que sólo le gustaba darle a las teclas, que mecanografiaba en su nuevo ordenador, mientras reflexionaba sobre las antiguas máquinas de escribir y decía que era un reto escribir 100 páginas…

Javier Velásquez

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