Ahora estoy escribiendo con la punta de los dedos en mi nuevo ordenador. Antes el proceso de mecanografiado tenía su encanto. Era un proceso artesanal. Cuadrar la hoja de papel, también cuadrar los márgenes, el sonido de las teclas… era mucho más analógico… digámoslo así ¿no?
Soy
del 75. Ya no se usan las máquinas de escribir antiguas, sólo lo
hacen los artistas conceptuales. Sin embargo las llegué a usar.
Recuerdo que tenía una muy buena, era de color negro. Después,
llegué a usar las eléctricas.
Esa
relación bucólica que se recrea mucho en las películas, del
escritor con su máquina de escribir, un whiskey y un cigarro al
final de las 100 páginas escritas, es ahora todo un mito. No soy
escritor, la verdad es, pero me gusta darle a las teclas. Para mi
escribir 100 páginas me parece todo un reto. Sin embargo, creo
haberlo hecho antes. Aunque tengo que confesar que me gustan
más los cuentos cortos… como por ejemplo, el cuento corto de aquel
escritor, que decía que no era escritor, que sólo le gustaba darle
a las teclas, que mecanografiaba en su nuevo ordenador, mientras
reflexionaba sobre las antiguas máquinas de escribir y decía que
era un reto escribir 100 páginas…
Javier
Velásquez




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